Origen de los Alfas y la licantropía en "El Nuevo Panteón"En la mitología griega, Licaón, era un rey de Arcadia hijo de Pelasgo.
Licaón era un rey culto y religioso, muy querido por su pueblo, al que ayudó a abandonar la vida salvaje que habían llevado hasta entonces. Fundó la ciudad de Licosura, una de las más antiguas de Grecia, y en ella erigió un altar a Zeus. Pero su apasionada religiosidad le llevó a realizar sacrificios humanos, lo que degeneró su posterior metamorfosis. Llegó al punto de sacrificar a todos los extranjeros que llegaban a su casa, violando así la sagrada ley de la bendita hospitalidad.
Habiéndose enterado de tal aberración, Zeus se hizo pasar por un peregrino y se hospedó en el palacio de Licaón. Esté se preparó para matar al peregrino, pero, alertado por algunas señales divinas, quiso asegurarse antes de que no era un dios, como afirmaban los temerosos súbditos. Para ello hizo cocinar la carne de un niño, y se lo sirvió a Zeus. Éste montó en cólera y transformó a Licaón en hombre lobo, en una bestia sin control, e incendió después el palacio que había sido testigo de tanta crueldad. El Rey, en forma de lobo, devoró a todo su reino. Desesperado, Licaón le pidió de rodillas perdón al dios olímpico, este le concedió el control de su transformación y controlar el hambre animal a cambio de que fuera su fiel servidor, el primer alfa, que cazara demonios y seres que rompieran el balance entre el cielo y el infierno en la tierra. El rey aceptó, pero Zeus le advirtió que toda persona mortal de la que él se enamorara se volvería un licántropo y así se extendería la maldición. Así las alfas ensancharon sus filas. Condenando a los que amaban. Por eso preferían vivir alejados, en bosques, para tener el menor contacto posible con los humanos, para así evitar condenar a sus protegidos.
Un Alfa, en su transformación puede llegar a medir dos metros y medio de altura, sus zarpas cortan hasta el metal, los colmillos rompen cualquier armadura por más dura que sea. Sus sentidos están agudizados, pueden escuchar y olfatear a kilómetros de distancia. También pueden ver mejor que un ser humano, sobre todo en la oscuridad. Pueden levantar hasta una tonelada de peso y un Alfa experimentado puede correr a más de 500 kilómetros por hora. Pueden dar saltos y trepar paredes con facilidad. También pueden transformarse en un lobo normal, de esa manera pasan desapercibidos en la oscuridad, son más débiles y no tienen la capacidad de combate que obtienen en forma de Licántropo, pero sus sentidos se vuelven más agudos aun en este estado. Hasta pueden escuchar los latidos del corazón de una persona a cientos de metros e individualizarla por el ritmo cardiaco. Las manadas tienen estructuras de mando muy marcadas, es por antigüedad, siempre hay un Líder Alfa Hombre y una Líder Alfa Mujer, ambos con la misma capacidad de mando, luego le siguen sus lugartenientes. La única manera de que un joven Alfa le arrebate el mando a un líder es por medio de una pelea, lo cual es muy inusual y generalmente termina en la muerte del joven. Los Alfas una vez que son convertidos a tales, no envejecen, se vuelven inmortales. Su temperatura corporal asciende a los 40 grados como la de los lobos y perros. Lo cual los hace vulnerables a visores térmicos utilizados por fuerzas especiales militares. También se vuelven extremadamente seductores, generan atracción inmediata entre los humanos. Aman el frio y se debilitan con los lugares calurosos. La plata no los afecta, la única manera de matarlos es decapitándolos o con un arma mágica forjada con reliquias divinas, las armas humanas apenas le hacen rasguños. Además sanan de manera rápida, casi instantánea.
Tienen 5 reglas básicas a las que juran lealtad una vez que se vuelven Hombres Lobo:
- La primera era nunca invadir el territorio de otra manada para una operación sin presentarse a los locales
- La segunda es mantener la mascarada con respecto a los humanos
- La tercera era no importaba lo que sucediera, servir eternamente al panteón
- La cuarta era jamás se podía abandonara la manada
- La quinta y más importante de todas, jamás matar a un ser humano a no ser que sea en caso de defensa propia y el humano represente una amenaza mortal al alfa.